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29 de abril de 2010

COMUNICADO ANTE EL 1º DE MAYO
DIA INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES
2010: Una oportunidad histórica
Los movimientos afiliados al Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC) nos sentimos cercanos a tantos compañeras y compañeros de trabajo de muchos rincones de este mundo, junto con los cuales vivimos con angustia y preocupación este momento laboral de paro y pobreza acentuado por la crisis económica mundial.
El observatorio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre la crisis mundial del empleo ponía de manifiesto que lo que “empezó como una crisis en los mercados financieros, se convirtió rápidamente en una crisis mundial de empleos que está provocando privaciones y pobreza en la vida de muchas trabajadoras y trabajadores, familias y comunidades”.
No podemos ignorar que antes de esta crisis, cuando el crecimiento mundial era elevado, ya se vivía una situación dura que se presentaba en el difícil acceso a alimentos, a salud, a bienes públicos, así como en el nivel altísimo de pobreza y economía informal, la agravación de la desigualdad de los ingresos, en un contexto de importantes desequilibrios sociales.
Esta situación se ha agravado con la crisis: las empresas han dejado de contratar personal y muchas han despedido y están despidiendo a considerable número de trabajadores. Esto conlleva al sufrimiento, empobrecimiento, pérdida de confianza y al deterioro de la “empleabilidad”, pues cuanto más tiempo permanece desempleada una persona más difícil le resulta volver a trabajar.
Entre los más afectados figuran especialmente los niños de las familias más pobres y vulnerables. Según la OIT el aumento del desempleo y la pobreza amenazan con poner en peligro la educación, la salud y el bienestar de los niños. Ello podría frenar, o incluso revertir, los recientes avances mundiales en cuanto a la disminución del trabajo infantil y al incremento del acceso a la educación.
La crisis económica aumentó también el número de mujeres desempleadas, dijo la OIT en su informe anual Tendencias Mundiales del Empleo de las Mujeres (GET). Así mismo se presenta un aumento del número de migrantes que regresan a su lugar de origen y una reducción del flujo de inmigrantes admitidos.
Los jóvenes son otro de los colectivos más azotados por esta crisis: jóvenes cuyas aspiraciones y deseos profundos de asegurar el futuro y contribuir a sus familias, a sus comunidades y a la sociedad, se ven truncados por falta de un empleo. El desafío que enfrentan la sociedad, las naciones y todos los países del mundo es insertar a la juventud en el acceso a un empleo seguro, productivo y al trabajo decente Ante esta situación muchas voces se han elevado para señalar el rumbo insostenible que se ha estado dando a la globalización. En el llamamiento internacional para la creación de un Pacto Mundial por el Empleo que realizó el pasado año la OIT, se apela a la necesidad de sentar las bases de una economía mundial justa y sostenible, diciendo que“es vital potenciar el respeto y la utilización de los mecanismos de diálogo social, como la negociación colectiva”.
Señala que “el diálogo social es un mecanismo de incalculable valor para el diseño de políticas adaptadas a las prioridades nacionales. Así mismo, es una base sólida para suscitar la adhesión de los empleadores y de los trabajadores a una acción conjunta con los gobiernos, la cual es indispensable para superar la crisis y llevar adelante una recuperación sostenible”.
En esta situación los cristianos podemos prestar un servicio inestimable ofreciendo el patrimonio de nuestra doctrina social. Rerum Novarum, considerada el primer documento de la Doctrina Social de la Iglesia, habla de la cuestión obrera teniendo como criterio fundamental que “a nadie le está permitido violar impunemente la dignidad humana, de la que Dios mismo dispone con gran reverencia”. Defiende, entre otros, el derecho al trabajo y a un salario justo, el derecho al descanso, el derecho de asociación, la protección de mujeres y niños.
Veamos esta crisis como una oportunidad para abrir nuestros ojos y nuestro corazón a la necesidad de profundos cambios en la sociedad y en la forma de entender y organizar la economía. Cambios en el ámbito de la economía financiera y especulativa para poner la riqueza y los recursos al servicio de las necesidades de las personas, en la afirmación práctica de los derechos del trabajo y en el avanzar hacia un trabajo decente porque “el primer capital que se ha de salvaguardar y valorar es el hombre, la persona en su integridad” (Caritas in veritate, 25).
Este 1º de mayo nos abre un gran horizonte para la práctica de la solidaridad con nuestros compañeras y compañeros de trabajo, también una oportunidad para la práctica de la justicia y la participación de todos los agentes a nivel internacional en la construcción de otro modelo basado en el trabajo decente. Necesitamos caminar hacia una economía que se preocupe de las personas y de la vida social, de una distribución justa de los bienes, de producir lo necesario de forma decente, respetuosa con la dignidad de los trabajadoras y trabajadores y cuidadosa con la naturaleza. Seamos conscientes de esta oportunidad histórica. Nos va en ello el futuro de nuestra humanidad.
Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC)

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