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5 de noviembre de 2007

EL CRISTIANO NO TIENE VIDAS Y MUNDOS PARALELOS

El cristiano no tiene vidas y mundos paralelos

El otro día dialogábamos unos cuantos sobre nuestro cristianismo: ¿por qué ahora no convencemos? ¿Porque lo vivimos desde la intelectualidad, como si fuese una filosofía buena para la vida? ¿Es una forma de sentir, una experiencia que se queda en nuestro mundo interior y así está bien? ¿Nos quedamos conformes o nos lamentamos y seguimos nuestra vida igual, hasta otro momento en el que nos juntamos para hablar de lo mismo?

En otras ocasiones, cuando nos reunimos para reflexionar, siempre terminamos diciendo que dónde estamos los cristianos con la cantidad de cosas que están sucediendo a nuestro alrededor.

Y es que en nuestra existencia no puede haber dos vidas paralelas: por una parte, la denominada vida “espiritual”, con sus valores y exigencias; y por otra, la denominada vida “secular”, es decir, la vida de familia, del trabajo, de las relaciones sociales, del compromiso político y de la cultura, porque somos una única cosa, no somos división en nosotros mismos. Somos unidad y lo que se piensa es lo que se vive y lo que se vive…. Se piensa. Quizá el problema nos venga de ahí que no hay coherencia en lo que pensamos con lo que vivimos.

(...). La separación entre la fe y la vida diaria de muchos debe ser considerada como uno de los más graves errores de nuestra época”. Una fe que no se hace cultura, es una fe “no plenamente acogida, no enteramente pensada, no fielmente vivida” (ChL, 59).

Nuestra vida es razón de esperanza para nosotros y para muchos, somos esos hombres y mujeres que, habiendo descubierto el tesoro escondido en un campo, hemos apostado por venderlo todo y quedarnos con el campo. Nos ha dado tanta alegría encontrarnos con lo que verdaderamente es valioso que no podemos hacer otra cosa que comunicar esas buenas noticias, pero también construimos el cielo nuevo y la tierra nueva en este momento concreto de la historia.

Estudiaba que “nada puede redimirse si no se ha asumido” y pienso que nada puede transformarse si no ponemos nuestra esperanza en este mundo, casa de todos, donde surgen muchas razones para vivir la alegría de ser testigos de la Vida que hemos descubierto. Nada puede darse si no estamos unidos a la vid. Y quizá muchos de nuestros quebraderos de cabeza puedan desaparecer desde ahí.

Un abrazo a todos

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